Blog

No te deshagas de los libros de tu bebé

Es fácil pensar que los cuentos de cartón duro que conservamos de cuando nuestro peque era un bebé, los libros con solapas o aquellos primeros títulos llenos de imágenes sencillas han cumplido su ciclo una vez que los niños crecen. Además, la necesidad de hacer «limpieza» y tener más espacio en casa es constante a medida que nuestros niños y niñas se hacen mayores. Pero lo cierto es que esos libros que acompañaron sus primeros años pueden tener una segunda vida muy valiosa cuando llega el momento de aprender a leer.

Cuando un niño o niña empieza a interesarse por las letras, necesita libros que pueda “descifrar”. Que supongan un pequeño reto, pero sin abrumarles o asustarle a la hora de enfrentarse a la recién adquirida habilidad de leer. Y en ese sentido, los cuentos que ya conoce, que ha visto decenas (¡o cientos!) de veces y que puede casi recitar de memoria, se convierten en una puerta de entrada segura y motivadora a la lectura autónoma.

Leer desde lo conocido

De este modo, combinar estos libros que ya tenemos (o que incluso pertenecen al hermano menor) con literatura algo más compleja y pensada para su edad, hace que la lectura sea algo aún más divertido, ya que:

  • Reconocen las imágenes y asocian palabras a contextos familiares.
  • Sienten confianza porque ya “saben” lo que pone, y eso refuerza la autoestima lectora.
  • Pueden centrar su atención en identificar letras y palabras, en lugar de procesar una historia completamente nueva.

Los libros de la primera infancia, con poco texto, frases simples y estructuras repetitivas, son perfectos para practicar sin frustración.

Una herramienta emocional

Y más allá del aprendizaje, hay algo muy importante: el vínculo afectivo que esos libros ya tienen. El saber (bien porque lo recuerdan, bien porque se lo contamos) que se los leíamos de pequeños. Retomar un cuento leído muchas veces en brazos, antes de dormir o en momentos de calma, es reconectar con una emoción segura y familiar. Leer no solo es descifrar letras; también es sentir que ese espacio es tuyo. Y, muchas veces, nuestras niñas y niños nos sorprenden repitiendo con sus muñecos y peluches lo que nosotros hacíamos hasta hace poco: Leerles cuentos con cariño, dulzura y calma.

Así que…

Antes de donar o guardar definitivamente los cuentos de cartón o los libros de bebé, pregúntate si tu peque está en ese momento en que empieza a interesarse por las letras. Tal vez ese libro que creías “pasado de etapa” sea, precisamente, el primero que logre leer por sí mismo.

Y eso… no tiene precio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *